Hay quesos que son excepcionales incluso antes de probarlos, y el cabrales de José Bada es uno de ellos. Voy a intentar explicaros el porqué…
Para cualquier quesero visitar Asturias es como ir de vacaciones a un parque tematico: Buelles, Porrúa, Arangas, Peñamellera, Vidiago, Los Beyos, Oscos, Casín, Gamonedo, Pría o Afuega´l Pitu…y la mayor atracción de todas el Cabrales.
Tras un largo viaje por autovía la carretera se estrecha al llegar a Las Arenas y mires a donde mires todo nos recuerda que hemos entrado en el reino del cabrales: bares, restaurantes, comercios… El interés de los visitantes se reparte entre los que se amontonan por subir a Bulnes, los que comienzan la bellísima Ruta del Cares y los que se esfuerzan en comprar el mejor queso al menor precio. Tras las primeras compras aceleradas podemos acercarnos a la Cueva Exposición que la Fundación Cabrales conserva a la salida de Arenas, junto al puente Cares a tan sólo 500 metros en dirección Poncebos.
Nuestro objetivo es otro. Por un momento nos resistimos a la belleza espectacular del entorno y comenzamos la escalada en coche a ras de roca hasta llegar a Tielve. Tenemos la sensación de llegar al ultimo confín de la montaña donde solo existen pueblos colgados de austeras peñas, casas ancladas al pasado y paisanos apegados al terruño como José Bada.
Cuando probamos un queso industrial nos limitamos a comer un producto que nos podrá gustar más o menos, cuando saboreamos un queso artesano muchas veces sólo reparamos en el precio (en ocasiones excesivo) y no somos conscientes de todo el trabajo, dedicación, tradición y esfuerzo que hay detrás de un alimento aparentemente tan sencillo como es el queso.
Los quesos de José son fruto de la tierra y del buen hacer diario trasmitido de generación en generación. En primer lugar el ganado es propio, sin mezclas, de los mismos animales que podemos ver pastar frente a su casa y que ordeña cada día. La leche no se acumula y directamente sirve para elaborar los quesos en la parte de debajo de su casa. Todo el trabajo se realiza a mano. Cada pieza se sala y almacena hasta que se transporta a las cuevas, muchas veces a lomos de caballerías o a hombros del propio quesero. La familia Bada mima cada queso y espera la maduración ideal de cada pieza para en embasarlo y enviarlo al punto de venta.
Al comprar un queso artesano estamos asegurando la subsistencia de una forma de vida, una cabaña autóctona y tradicional, consumimos productos de calidad con menos química y mayor sabor.
Atrévete, cierra los ojos y prueba un trozo del Cabrales de Jose Bada, notaras la diferencia y darás un bocado a un producto apreciado en las mejores mesas, transmitido desde tiempos inmemoriales y que ha llegado a nuestros días fruto de la naturaleza, la orografía, los ricos pastos de montaña, la cabaña ganadera de esta zona y las expertas manos de los pastores en el corazón de los picos de Europa.

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