Cuentan que corría el año 1864 cuando Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano Valeriano deambulaban por un risco cercano a Trasmoz cuando de repente se encontraron a un pastor con su ganado que les advirtió de lo que le había acontecido a la Tia Casca (que por lo que se ve era la bruja del lugar) en aquella peña :”En ella fue despeñada la señora en cuestión, y al ser rechazada por Dios y por el Diablo, su alma vaga por ese camino, y mediante engañosos sonidos, unas veces con lloros de niño otras con gruñidos de lobo, atrae a los ingenuos caminantes para, con su seca mano, despeñarlos por el barranco”. Tan acongojados debieron quedar que seguramente, esto no lo cuenta la historia, acompañaron al pastor a la cercana quesería donde probar deliciosos quesos de leche cruda acompañados de algún rico caldo borjano.
Con el mismo espíritu nos acercamos a Trasmoz (con el de ir a la quesería) y tras hacer una breve parada en el bar del pueblo (que nos infundió valor para subir la cuesta) llegamos a la susodicha quesería donde las herederas de las cabras (de la raza moncaína, por supuesto) compañeras de los Bécquer dedican su leche a la elaboración de un suntuoso queso curado en aceite de oliva a las finas hierbas. Existe también otra variante de quesos cremosos, curados de oveja y de cabra, elaborados a base de leche cruda con marcados aromas del terruño.
A la par que realizan el queso en la cooperativa el acebo del Moncayo también producen pates de setas y tradicionales mermeladas de naranja, tomate y melocotón que sería una pena no probar si tenemos ocasión.







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